jueves, 18 de junio de 2015

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Esta tarde acabó todo, acabaron los nervios, los sulfuros, las ansias y las desesperanzas que nos llevaban atormentando durante la mayor parte del curso.
Esta tarde acabó lo que fue una época que no olvidaremos. Después de esto sabemos que llegarán las promesas del "siempre estaremos en contacto, no nos separaremos, estaremos siempre los unos para los otros..."
Pero las lejanías son inevitables y la distancia no solo hace de las suyas en el amor, sino en esta amistad tan profunda que se ha labrado por unos cortos y a la vez largos, dos años.

Gente que estuvo siempre, gente que se incorporó, gente que vino y se fue...
Me refiero a todos ellos, a los que nunca nos han fallado.

De este curso me llevo experiencias que formarán parte de los pilares más sólidos del corazón.
Aquellos momentos que llenaban de humor la tercera fila de mesas y que ponían en cuestión a nuestros profesores el si estábamos o no en nuestra entereza.

Aquellas tendecias tan aleatorias y bien recibidas en una clase que se vivía el conocimiento artístico y el humor, la clase en la que reinaban la casa venenil y belenista.

Aquellas bromas que hacían de nuestros espacios los mejores y hacían experimentar la vergüenza a las parejas que desataban su amor frente a nuestras ventanas.

Aquellos momentos INRI que todos sufríamos y nos sustentábamos los unos a los otros como si de pechinas se tratara.

Aquellas huidas constantes de la irrelevancia.

Aquellos montajes que hacían de cada experiencia un mundo por el que contar lo feliz que estábamos los unos con los otros.

Aquellas peleas de gritos a besos.

Aquellas expediciones a la grán capital donde huíamos de lo irrelevante hacia el burguer más cercano.

Aquellas mesas pinturrejadas de prostitutas, tortugas y hello kitty's

Aquellos recreos que saltábamos de ubicación en ubicación y necesitábamos de insecticidas.

Aquellos abrazos que transportaban nuestro corazón a detrás de la espalda del otro.

Aquellos sonidos guturales en alternativa.

Aquellas palabras prohibidas: feo y bonito.

Aquellos innumerables momentos que gastaban nuestra garganta de las risas y nos abrían tanto la mente como el alma.

No hay palabras para definir todos los sentimientos tan cercanos que me han provocado estos momentos a lo largo de este año, no hay palabras para definir lo orgulloso que estoy de que mi juventud la están formando gente tan honrada de hacerlo.
No son muchos los que puedan decir que han gozado de una compañía tan completa y placentera durante tanto tiempo como la mía. No hay tanta gente que se haya sentido tan bien ubicado por el destino como yo.
Gracias por este año, y que no sea el último. Que aquella distancia de ciudades no nos impida andar de la mano en nuestro futuro.